Portada de Nuestra historia de Restaurante Okela, desde 1964

RESTAURANTE OKELA · GORLIZ

Nuestra historia

Desde 1964 · Cuatro generaciones, una misma dedicación a la cocina

La historia de Okela es la de una familia, sus recetas y una forma de trabajar que ha pasado de generación en generación, con respeto por el producto y por las personas que se sientan a nuestra mesa.

1964 · Comienza una historia familiar

Mucho antes de abrir el restaurante, mi abuelo Luis Madariaga se dedicaba al oficio de carnicero, con carnicerías en Gorliz y Urduliz. Otros miembros de la familia desarrollaban esa misma tradición en Plentzia y Mungia. De ahí vienen nuestras raíces y nuestra relación con la carne.

En 1964, mis abuelos pusieron en marcha Restaurante Okela junto con sus hijos, entre ellos mi padre, Javier Madariaga. Uno o dos años después, mis padres, Javier e Isabel Ruiz, tomaron el relevo y continuaron el negocio familiar durante décadas.

Dos familias, una misma cocina

La tradición de los Madariaga se unió a otra rama familiar muy ligada a la cocina casera: la de mis abuelos maternos Pío Ruiz y Teresa Alonso, de Tobera, junto a Frías (Burgos). Seguimos conservando y utilizando la casa familiar, y mantenemos vivos nuestros lazos con Tobera, un lugar al que continuamos muy unidos. De Tobera seguimos trayendo, en temporada, productos de nuestra huerta —especialmente tomates— y sus famosas morcillas.

Mi abuela Teresa preparaba unas alubias y una sopa de ajo extraordinarias. Son sabores que han permanecido en nuestra cocina y que muchos clientes aprecian todavía hoy.

Mi abuela paterna, que preparaba muchos postres, enseñó a mi madre sus tostadas y otras recetas. Mi madre, Isabel Ruiz, tenía muchísimas ganas de aprender. En los años sesenta también se formó en Francia y amplió sus conocimientos de hostelería en Bilbao. Con trabajo y curiosidad convirtió la repostería en una de las señas de identidad de Okela.

Yo mismo preparaba de joven el hojaldre a mano, con rodillo, mientras mi madre elaboraba sus pasteles. Hoy seguimos haciendo nuestros propios panes, masas y postres: las tostadas, los hojaldres, los pasteles de manzana y nuestros conocidos pasteles de arroz.

Una vida entre fogones

Además de crecer en el restaurante familiar, tuve la oportunidad de aprender en distintos establecimientos de reconocido prestigio. En 1986 trabajé en la High Table del Trinity College de Cambridge, donde conocí de cerca el rigor del servicio formal, el protocolo y la atención a cada detalle. También amplié mi formación en la Escuela Superior de Hostelería de Bilbao, impulsada en 1991 por la Asociación de Hostelería de Bizkaia. Mi padre, Javier Madariaga, contribuyó a consolidar aquel proyecto adquiriendo acciones para apoyar su desarrollo.

Entre otros establecimientos, pasé por Loramendi, en Maruri-Jatabe, hacia 1994; Casa Vasca, en Deusto (Bilbao), en 1995, donde trabajé con Luis Irizar como jefe de cocina; y Katxi, en Morga (Bizkaia), entre 1997 y 2000.

Recuerdo especialmente aquella época de Casa Vasca: una cocina con diecisiete cocineros, grandes celebraciones y largas jornadas. En alguna ocasión llegamos a atender hasta unas 1.300 personas en un solo día y servicio. También en otros establecimientos, como Katxi, afrontábamos celebraciones y servicios de cientos de comensales. Allí aprendí, entre otras elaboraciones, a preparar la sopa Txomin. Aquellos años me enseñaron muchísimo sobre organización, oficio y esfuerzo. Todas esas experiencias, sumadas a las enseñanzas de mi familia, han contribuido a la cocina que hacemos hoy en Okela.

La historia continúa

Mi mujer y mis hijos siguen participando en la vida de Okela. Aunque nuestros hijos tienen sus propios trabajos, colaboran muchos fines de semana y en las actividades gastronómicas del pueblo. Cuando creo un pintxo de concurso, ellos lo prueban y entre todos valoramos el resultado.

Dos generaciones de la familia trabajando juntas en la cocina de Restaurante Okela

Dos generaciones compartiendo trabajo y cocina. La historia continúa.

Reconocimientos gastronómicos

2018: primer premio en el VI Concurso de Pintxo Micológico de Gorliz, con «Mendiko produktuak».

2022: premio en el concurso de pintxos de Dastatuarte Food & Art, con «Itsasotik mendira».

Estos reconocimientos también representan el trabajo compartido de nuestra familia y el cariño que recibimos de los clientes.

Más de sesenta años después

Seguimos defendiendo el buen producto, la cocina bien hecha, el servicio atento y una casa abierta a todo el mundo. Para nosotros, lo importante es que cada cliente disfrute y quiera volver.

Cuatro generaciones, una misma dedicación a la buena cocina.

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